domingo, 7 de diciembre de 2014

Ya no me hablas con tu mirada.

Me gustaba y no lo podía disimular, pero es cierto que sentía como tus ojos me hablaban. Bastaba tu mirada frente a frente, para compartir lo más profundo de nosotros mismos. Diálogos llenos de contenidos, sin palabra alguna.

Tu me observabas –“te muerdes el labio inferior” -decías divertida -¿Que estás pensando? –y mientras sonreías no esperabas respuesta, porque la sabías. Pero eso ya no sucede, con o sin razón, solo me muerdo el labio inferior de forma melancólica recordando oportunidades que me dio la vida. Ya no me hablas con tu mirada, ni con tu palabra, ni siquiera por el wathsapp. Conseguí que no me hablaras.

Hoy ya no miro frente a frente, no hay quien me conteste. Solo miro a otras personas a través del espejo. Diálogos si, pero sin sentido y sin mirada.

Ahora miro de otra forma, vendí mi alma al diablo, porque necesitaba ese trabajo. Adorné mi “curriculum”, quité algún detalle, algún curso y otros cursillos los remplacé por otros mas adecuados, de más pelo. Cuando llegó mi primer cliente, me temblaba la mano de forma angustiosa, pero tenía que hacerlo... y en cuanto empezó a hablarme de fútbol,  carraspeé mi garganta y le dije con voz templada, mientras le enseñaba el filo de mi navaja, mirándole a los ojos a través del espejo  –¿A navaja y con raya a un lado?

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