jueves, 23 de agosto de 2012

Dos sillas fucsia y una sombrilla amarilla.

Tras abanderar la playa con mi sombrilla amarilla, despliego mis dos sillas fucsia, únicas en la costa, como si de una revista "Fashion" se tratara. El óxido de sus componentes metálicos delátan solera ante el Mediterráneo.

Destacando entre rubias de Rusia, pelirrojas de Zaragoza, morenos del Zaire haciendo las veces de ópticos diplomados especializados en gafas de sol de bajo coste...  alli está ella, amarilla, casi redonda y bajo su sombra todo mi ser desbordante, pelo en pecho como buen macho ibérico, bañador de flores, nicki con lagarto de imitación en el pecho, gafas de pichiglass y mis pinreles que se escapan del circulo sombrío, novela de papel... como las de antes.

Tras dedicación casi exclusiva a favor de la hidratación, escozores y otras vivencias, núnca pensé que los empeines de mis pinreles pudieran ponerse tan morenos.

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