domingo, 18 de noviembre de 2012

Los buñuelos pasaron a la historia.

De un tiempo a ésta parte, la Hermana Superiora, había notado gran alboroto entre sus novicias después de las comidas, se les iba el santo al cielo y no ponían atención en la oración.

Las sospechas recaían en la Hermana Remedios, que con la sana intención de agradar a sus compañeras, había cambiado los menús de arriba abajo y las novicias día a día saboreaban con ilusión, nuevos sabores en sus comidas.

La vida de la Hermana Remedios, emergía entre grandes silencios. Apenas sabían de su anterior vida, a excepción de la Superiora. Mala estudiante, aventurera, viajera, hasta que sentó su cabeza cocinando para los demás. Dar de comer al hambriento, fué lo que acabó haciendo en aquel tipico restaurante del centro de Madrid, junto a la Plaza de Santa Ana.

Precisamente hoy, después de comer, las hermanas jóvenes estaban muy revolucionadas, mucha risita contenida y muchos cuchicheos en el claustro. Las recetas de la nueva cocinera habían hecho cambiar el comportamiento de toda la comunidad. Belcebú rondaba a todas horas tras las tentaciones.

En el despacho de dirección, la Superiora movía la cabeza de un lado a otro mientras revisaba una vez más el curriculum de aquella nueva Hermana cocinera, la creadora de la carta gastronómica de aquel restaurante de tan poco gusto, especializado en cocina afrodisiaca, además de bloguera dispuesta a compartir sus recetas en la red. Los buñuelos habían pasado a la historia.

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