sábado, 2 de julio de 2016

Anselmo Angosto era un estrecho.

A Anselmo Angosto, la vida le había hecho aprender que para conseguir la felicidad había que tener unos principios claros y contundentes. La felicidad no se conseguía únicamente comprando perdices y comiéndolas a diario, ya que esto podía hacer caer en la monotonía y el aburguesamiento.

Anselmo era un hombre de mente estrecha, conseguida tras generaciones, seguramente de ahí su apellido. Por eso le gustaba usar pantalones pitillo, pasear por calles angostas, dormir con su chica en cama pequeña o empaparse con el “txirimiri” bajo un mismo paraguas. Todo ello formaba parte de su manual de felicidad. A sentimientos apretados, distancias mínimas.

Tenía claro que en toda relación de pareja no debía de haber distanciamientos, por eso, al pasear con ella por el callejón de San Andrés, no le quedó más remedio que besarla. Ella era cóncava, él era convexo, la calle era estrecha. 

martes, 24 de mayo de 2016

Cosas bonitas que hubo.

Tras lustros de amor y desamor, la historia se acabó. Ella partió hacia su norte y él hacia la nada, reflexionando si las soledades conseguidas, eran el elevado precio que tuvieron que pagar por ambas libertades. Él la quiso, a su manera, la única que sabía, la quiso como a nadie. Ella, sin duda, a veces también lo hizo. Pero el orgullo y el amor nunca se llevaron bien, porque son incompatibles y discordantes. El uno es la antesala de la soledad, mientras el otro genera sinergias imbatibles.

Él no se lo creía, pero aceptó su escozor como el precio de las cosas bonitas que hubo. Mientras, tumbado en el diván, su psicóloga argentina le repetía una y otra vez, que era un hombre afortunado y que la vida le había sido generosa al brindarle una nueva oportunidad para vivirla. Así que, como la suerte le sonreía e indicaba, cambió de vecinos, de oficina de paro, de ambulatorio y...  hasta de supermercado.

También era realmente afortunado, al poder compartir su dicha entre familiares y amigos. Tanto unos como otros, mostraron su apoyo integro e incondicional... aun conociéndole.

sábado, 30 de enero de 2016

Ante el espejo.

"¿Que haces por estos parajes?
-Pasear.
¿Pasear?
-En las nubes.
Pues bienvenido a la Tierra."  (Pelicula: Un paseo por las Nubes)

Desde que dejé de fumar, victima de atrevidos métodos alternativos, tengo agradables y extrañas sensaciones. No me veo los pies y además tengo la impresión de pasear entre las nubes, mientras me vienen recuerdos a la cabeza, vivencias recientes o fantasías que me llegan a sorprender a mi misma... Sueño, imagino, reorganizo mis ideas, mis pensamientos e incluso mis sentimientos. A veces dudo hasta de mi misma, pero mi cuerpo siente como nunca sintió. Tan preocupada me tengo, que me he acercado a Ikea y he comprado un espejo estrecho y alto, para apoyar en la pared de mi habitación, con intención de verme de cuerpo entero, en pie o sentada. 

Ante el espejo, que dicen que es símbolo de la prudencia y que ésta a su vez, es consecuencia de la experiencia, me he visto los pies y me he redescubierto. Hoy he comprendido porqué me siento flotando mientras paseo entre las nubes y sospecho que posiblemente también pueda caminar sobre las aguas. La razón es sencilla. Soy una diosa, soy la "Venus del Espejo".

jueves, 30 de julio de 2015

Indalecio Bocanegra: Terrorista sentimental.

Indalecio Bocanegra, era un terrorista sentimental, ya que concluía sus actos afectivos explosionando de forma inesperada, causando efectos destructivos en la empatía de quienes le rodeaban. Una vez comenzada la primera detonación sentimental, la consecuencia era una mera demostración física, en que el efecto simpático hacía responder de la misma forma a todos los cuerpos cercanos, induciendo al mismo comportamiento explosivo que generaba Indalecio.

Su cardiólogo le recetó que se zurciera el corazón y así lo hizo, pero cuando elevaba su presión arterial los efluvios sentimentales le rezumaban etéreamente. Después ponía empeño en limpiar los efluvios, que suponía que, se quedaban impregnados en paredes, muebles y alfombras de su casa y para eliminarlos usaba el trapo de toda la vida y un "electroplumero" que compró en el "chino" del barrio.

Un día estando Indalecio en la sala de espera del médico del corazón, oyó a un paciente orador activo, que le contaba a otro paciente sufridor pasivo, que en su casa quitaba sus efluvios con una barredora aspiradora inalámbrica, ya que no era necesario realizar el despliegue logístico que suponía la aspiradora tradicional y que en cualquier momento la utilizaba para todos sus desechos internos, tras una comida, un encuentro o cualquier otro contacto esporádico.


Indalecio Bocanegra, ha finalizado un master en aspiradoras inalámbricas y mientras se concentra en sus pensamientos envuelto en su domótico ruido, piensa en su cardiólogo y en su corazón zurcido.

viernes, 22 de mayo de 2015

Almas vencidas, noches perdidas.

"Almas vencidas, noches perdidas, ... amor, celos, cenizas y lumbre, dolor y pecado, todo eso existe, todo eso es triste, todo eso es... ¿la vida?

A Saturnino Buendía se le habían cagado las hadas, además de la conjunción planetaria que se había dispuesto de tal forma que le jodía la vida. Saturnino era consciente que de un tiempo a esta parte, ni un solo día, el sol había salido de manera que le hiciera honor a su apellido. Pensó de todo, incluso quitarse de en medio para no estorbar, pero tras largos razonamientos, decidió seguir adelante, con la cabeza alta, pasase lo que pasase. Ni el excremento mas diarreico de hada alguna podría amagarle la vida, que consideraba que no era un cumulo tristezas y melancolía... Solo o acompañado, tan solo quería salir del pozo, sin arrastrar a nadie al fondo. Cuestión de paciencia, convicción y fortaleza mental, que dosificaba concienzudamente mientras destierra el "quepenamedoy". Disfrutaría de la vida si o si.

Mientras tanto Mariano seguía durmiendo, como siempre con su corona de laurel que sus amigos le compraron en un chino. Ya estaba su imagen ajada, tanto las hojas de plástico de su laurel, como su pelo teñido de camomila, pero cuando se miraba ante su espejo a modo de madrastrona de Cenicienta, éste no le devolvía la realidad, igual que su camarilla de amigos y cortesanos, quienes le reían sus gracias a cambio de regalías. 

Son las 5.30 de la mañana, hace un frío que jode, dicen que es bueno para el cutis. Saturnino Buendía se dispone a asearse, para ello se mira ante el reflejo que le devuelve la gruesa luna desde el interior de su cajero automático, retira los cartones del suelo y se dispone a salir a la calle, no sin antes miccionar en la esquina mas oscura del habitáculo del banco que le quitó el piso, espantó a su mujer con sus hijos y le quiso hundir en la miseria.


viernes, 3 de abril de 2015

"Rompimiento de gloria".

Los destellos del viejo Land Rover de la Guardia Civil se aproximaban al pueblo por la estrecha carretera. Sus rayos azulados y blanquecinos hicieron creer a algunos devotos, que se trataba de un “Rompimiento de Gloria” en aquella fría noche se Semana Santa, pero era imposible, porque era noche de luna llena y el cielo estaba totalmente estrellado.

El accidente había ocurrido de una forma extraña, solo quedaron en pie el capataz y sus dos ayudantes, ellos habían caído bajo el paso de La Pasión de Cristo, las imágenes habían sepultado a la totalidad de los costaleros de la cofradía. Algunos pensaron que podía ser un castigo divino a consecuencia de los excesos festivos que celebraban los costaleros cada Semana Santa al realizar los preparativos, eso si, en plena hermandad y camaradería.

Todo ocurrió cuando el cornetín de órdenes de la Banda de Tambores y Cornetas de las Juventudes Engominadas del pueblo, dio la orden para empezar a tocar la marcha fúnebre indicada. En ese momento los costaleros, de inmediato cayeron sepultados por aquella adorada imaginería.

Investigaciones concienzudas del C.S.I. (Centro Superior de Inteligencia), pensaron que todo esto no hubiera ocurrido si “El Pepeíllo”, no hubiera hecho patente su incontinencia verbal. Tras tomar unos vinos y en plena exaltación de la amistad, había confesado entre los costaleros de su hermandad, que cada año, en la procesión, al oír la orden de la corneta de la banda de música para interpretar la marcha, encogía los pies y se quedaba colgando de la “trabajadera” siendo balanceado a ritmo de los pasos del resto de los compañeros capirotes. Al parecer, en la procesión de éste año, “El Pepeíllo”, no fue el único que pensó, que al igual que en la política de los engominados, el peso de uno, no se notaría mientras contaba que lo iban a soportar el resto de hermanos cofrades.

sábado, 7 de marzo de 2015

Reflexiones sobre la bradipsíquia de las ranas en primavera.

Es cierto que Demóstenes Buendía era un ser “espirituado”, en el que la madre naturaleza había puesto todo su empeño en rozar los límites de la perfección. Desde su mas tierna infancia, había sido envidiado por aquellas ranas bradipsíquicas de aquella charca. Ellas se mantenían un silencio constante, en la distancia, hasta que una de ellas daba la nota y el resto del colectivo se unía a croar. Este hecho sucedía varias veces al día. Además, el cieno de aquellos barros y aquellas aguas, tenían el don de cegarlas a todas por igual y hacerlas ranas de lidia, de similar opinión, que entraban al trapo a la menor provocación.

Con el tiempo Demóstenes adquiríó el conocimiento de las artes, de la música y de las letras, despuntando en la charca por su oratoria y dialéctica sin respuesta, ya que aquellas ranas solo croaban y croaban, bien a viva voz o por “Whatsapp”, que también dominaban. Conocían los "emoticónos" a la perfección, y se daban besos, aplausos, guiños y otras cuantas florituras a la menor oportunidad.

Tanto “wathsapeo” tenían las ranas, que su dedo pulgar, por todos sabidos muy desarrollado, les creció tanto, que apenas podían sacarse las mucosidades de sus fosas nasales, limitando su uso al musical toque del timbre de la bicicleta, hacer autoestop y plasmar su huella dactilar en aquellos sitios donde lo requería la burocracia.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Demasiado ocupada para sentir.

Cecilia estaba demasiado ocupada para sentir. Bajo el "txirimiri" algunas parejas aprovechaban para pasear por la playa, muy arrimados, bajo el paraguas o para besarse de forma romántica tras las ventanas de su habitación. Había parejas que al no tener paraguas tan solo compartían sonrisas y lluvia, disfrutando por el malecón. Ella no sentía esa necesidad y cuando llovía corría para meter la ropa del tendedero. Sin duda era la mujer pragmática. Su paraguas solo servía para no mojarse, su cama para dormir.

martes, 3 de febrero de 2015

El cardiólogo le recetó zurcir el corazón.

El cardiólogo le recetó zurcir el corazón, porque lo tenía hecho trizas, "los dentros" le rezumaban bajo el pecho y le producían gran dolor. A Avelino le ofrecieron un pegamento, con el que habían pegado hasta las mismísimas barbas de Tutankhamon, pero no le pareció adecuado, pues el tratamiento escocía. Por eso acudió a un zapatero remendón de plena confianza, quien le dio unas puntadas con el mejor cordón de cuero recio que tenía en ese momento, pero no pudo quitarle el dolor.

Semanas mas tarde, en la cola del supermercado Avelino conoció a una experta costurera, especializada en reparaciones de prendas de interés histórico y zurcidos de calcetines desparejados. Ella tenía unos expresivos ojos azules, mirada profunda, pelo corto, rubio y bien cuidado, pero sus remiendos, aunque expertos, tampoco hicieron cicatrizar sus heridas y el dolor bajo el pecho se hacía crónico.

Las circunstancias le hicieron volver a tomar las pócimas de siempre, bajo los conjuros de vieja preñada, las babas de sapo y las ancas de rana, hicieron que algo mejorara cada semana y bebiendo a pequeños sorbos la caliente "queimada" renovó con esperanza su conjuro de felicidad inalcanzable, que renovaba año tras año, desde el día en que la conoció. 

jueves, 22 de enero de 2015

Peperos de tinte o de gomina, socialistas de caviar o de sardina, politólogos despeinados y gente de izquierdas de toda la vida.

Hace años supo del riesgo que corría, como consecuencia de la inseguridad que había paseando por la playa de La Concha en San Sebastián o por la orilla de la Ría de Bilbao a los pies del atrevido Guggenheim. También le gustaba el fútbol, pero dejó de acudir a él, cuando sucedió el asesinato junto al estadio a manos de enfermizos forofos. Ahora, dudaba de ir de rebajas a su centro comercial favorito, ya que le habían pasado un Whatsapp  sugiriendo que la seguridad en determinados sitios no estaba garantizada ante rebrotes fanáticos de diferentes pensamientos.

Eulalia seguía atemorizada mientras reenviaba los mensajes que por el Whatsapp circulaban entre su circulo de amistades, que aunque a ella no le parecía, disfrutaban de una extraña forma morbosa, pretendiendo contagiar el miedo de forma vírica con la coletilla final de "pásalo"

Yo de momento, estoy intentando enterarme entre psicólogos, policías, trabajadores, parados, jubilados, peperos de tinte o gomina, socialistas de caviar o de sardina, perroflautas,  politólogos despeinados y gentes de izquierdas de toda la vida . ¿Que explicaciones e intereses existen en crear, enviar y reenviar esos mensajes con intención de meternos miedo al cuerpo?


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